Supongo que a todos nosotros cuando eramos pequeños y se nos caía un diente "venia" el ratoncito Perez y nos dejaba un regalo debajo de la almohada, el cual casi siempre era dinero... Pues yo no se quién me mandó a mí descubrir que realmente NO EXISTÍA. Yo era muy feliz cada vez que veía que alguno se me movía, es más... me los terminaba arrancando para que a la mañana siguiente tuviese algo de premio. Así es como empezó mi espíritu ahorrador... Pero un día... todo se fue a pique, alguien me dijo que no, que ese singular personaje de orejas puntiagudas, generoso y trasnochador... no existía... A partir de ahí me di cuenta que mi dentadura no me serviría como plan de pensiones en el futuro. Este junto con el de los reyes magos, fueron mis primeras decepciones de la vida, en ese justo instante todo comenzó a ir cuesta arriba. Con lo feliz que yo podría ser siendo ignorante
jueves, 3 de septiembre de 2009
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